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  • on 19.04.2012
  • at 05:29 PM
  • by admin

Sobre mi infinito 0

La “verdad”….una palabra mágica que lo dice todo… pero…. ¿qué es la verdad?…. Se supone que es la palabra que se acondiciona a lo real, es decir aquello que el humano interioriza para hacerse con lo real…. pero ¿qué es lo real?, lo definimos como lo que es, lo que existe… pero por último ¿qué es el ser?

Cualquier discurso filosófico, mítico, religioso o poético jamás podrá dar una explicación última de la verdad, como tampoco de lo real, ni del ser, porque la palabra queda corta para aquello que es inefable, inconceptuable, incategorizable, irracional. El lenguaje humano y su logos es solo una herramienta para la subsistencia. Decir “yo tengo la verdad” es la más vil mentira, propia de los ignorantes, porque la palabra no puede abarcar el misterio de lo desconocido, además el yo no existe, es una ilusión de los megalómanos. Y no se trata aquí de afirmar el dualismo verdad/mentira, porque la única verdad es que nadie es poseedor de la verdad, y decir “yo tengo la verdad” es una mentira. No estoy diciendo que “yo tengo la verdad” porque entraría en paradoja, solo afirmo el misterio de lo desconocido, el misterio último de la existencia, aquello que nunca será abarcable ni por la razón ni por el lenguaje, ese más allá tan temido por el obtuso logos.

Por ejemplo, la palabra “Dios” no puede encerrar ese infinito divino de lo inabarcable y misterioso que es lo desconocido del infinito universo. La palabra “Dios” queda corta para explicar esa divinidad misteriosa que yace en cada uno de nosotros por el hecho de estar consciente del infinito del espacio y lo eterno del tiempo. Cualquier discurso religioso o filosófico que pretenda dar una explicación última a la existencia de ese infinito y sobre ¿qué somos? ¿de dónde venimos? o ¿a dónde vamos?, es una aberración. Decir que se tiene la última palabra es matar el misterio y la innata curiosidad por conocer lo desconocido, todo tipo de falso conocimiento absolutista y dogmático de una verdad inventada es el núcleo de toda hipocresía. Creerse dueño de una explicación ultima de la existencia es sinónimo de debilidad mental y cobardía, porque solo los que le temen al infinito y su misterio son capaces de inventar dogmas, religiones, sectas, filosofías, verdades últimas que lapidan al espíritu libre para que no tenga acceso a ese infinito poder que yace en nuestro interior. Lo encierran en una jaula de paradigmas y dogmas nefastos, plasmas mentales psíquicos, ideogramas, entelequias, sombras manejadas por las sectas de la magia negra, la más ruin ruina que envenena el alma colectiva de la humanidad, que la enferma y esclaviza convirtiendo al ser humano en un borrego más en este matadero llamado sistema.

Celebramos la creatividad poética y mítica de los pueblos a lo largo de la historia, pero consideramos que la masificación de la religión política y las filosofías dogmáticas son creadas exclusivamente para esclavizar al humano, la peor de las abominaciones del espíritu. Toda secta inmunda tiene su mentira preparada para los débiles mentales del borreguismo que necesitan que les den una explicación última de la existencia, los seres sin fuerza mental suficiente que necesitan de un dogma o de una verdad, o de una secta, que pueda aliviar su espíritu enfermo.

El hombre-masa que consume las ideologías del mercado de dogmas se convierte así en un zombi robot al servicio de su peor enemigo. La sociedad ha sido diseñada para que el humano no pueda ver el infinito que nos rodea, ya que eso significa liberación. Así la arquitectura, la cultura, las costumbres, han sido impuestos a los pueblos para que fisiológicamente sean serviles a sus amos. Las religiones políticas y las sectas de la masificación son herramientas de dogmatización psíquica para la esclavitud del cuadrado, tarado y zombi ser humano, que por ignorancia, pereza, estupidez y mala voluntad consume la religión de la secta de turno y se convierte en un ser servil animal de las fuerzas pervertidas que dominan el mundo.

Por eso reverencio ese misterio de lo desconocido, reverencio el misterio de mi propia existencia, estoy consciente del infinito espacio y de las infinitas posibilidades que soy en la vida, reverencio el misterio de existir y el estar abierto para el conocimiento verdadero de las cosas, humilde ante lo desconocido. Socráticamente sé que nada sé, pero sé que lo que sé trata de abarcar la divinidad escondida en el símbolo primordial del infinito espacio y de la existencia misteriosa de la humanidad, ¿por qué existe el infinito y para qué el humano puede llegar a estar consciente de eso? He aquí unas preguntas clave. Este misterio me deja asombrado, perplejo, maravillado, admirado, y más aun cuando intuyo el infinito espacio externo que me rodea y el infinito espacio interno que mi espíritu libre me lleva alcanzar. Algo que llaman éxtasis se apodera de mi ser cuando empiezo a conversar de tú a tú con ese infinito a través de sincronías o coincidencias significativas que son en verdad una forma de comunicación entre el infinito interno y el infinito externo que es uno y muchos a la vez.

La vivencia de la sincronía con todas las cosas es como darse cuenta de la inteligencia de la totalidad. Esto nos da la certeza de que ninguna palabra puede describir la magia de la sincronía, porque estamos haciendo conocido lo desconocido. Vivir una sincronía es estar consciente que el espacio que nos rodea está vivo y que se puede comunicar con nosotros a través de estas singularidades en el espacio/tiempo. Somos parte de este infinito donde cada parte influye en el todo, donde todo influye sobre todo, como un solo ser vivo. El infinito mismo nos está diciendo con las sincronías que sigamos firme nuestro camino que hemos emprendido porque hemos despertado a la realidad, y estamos conscientes de lo desconocido, y de la posibilidad infinita que somos. Hemos visto el infinito misterio que yace en todas las cosas, hemos hablado el lenguaje de los pájaros, hemos vivido lo que llaman el éxtasis de fundirse con el infinito de la totalidad, y sin embargo, no podemos decir que tenemos la verdad, todavía queda esa curiosidad y esa humildad ante el misterio de lo desconocido, mientras más inocentes y puros seamos, más posibilidad de crear mundos libres que aniquilen la pesadilla del mundo de los dormidos.

Uno empieza a ver a todo aquel que entra en un templo o en una secta como a un sonámbulo, un humano dormido, un zombi, un nuevo muerto viviente que ha matado la curiosidad y la inocencia del ser para embarrarse de la peste dogmática de las sectas y de las religiones políticas, supuestamente en busca de un conocimiento. No inspira ni misericordia esa sociedad sonámbula de dormidos dogmáticos lavados el cerebro que está siendo dirigida hacia un desastre epistémico-ontológico masivo que sería en sí una de los síntomas de esta era de caos y destrucción.

Cuando la verdad sea entendida por la mayoría, entonces se materializaría el paraíso, cuando cada cual interiorice el infinito en sí mismo, no habrá necesidad de dogmas, ni de amos ni de esclavos, ni de servilismo, porque entonces el humano se liberaría…
a los poderes de turno no les interesa este panorama, la masa debe ser ignorante de la verdad, por eso les bombardea con dogmas y sectas demenciales para mantener este innoble estado humano de perdición y abominación.

Desconfíen siempre de la verdad suprema… =)

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